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Los primeros días de este 2026 han demostrado que, este año, el escenario político para América Latina será definitorio para la forma en la que elegimos representantes y, con ello, cómo se ejerce el poder en la región y el mundo. La capacidad de los Estados para sostener su soberanía frente a la influencia social, política y económica de Estados Unidos, así como sus esfuerzos por consolidar instituciones que garanticen gobernabilidad interna, se reflejarán en los resultados de las elecciones presidenciales, legislativas y locales que se celebrarán en ocho países.
Como te contamos anteriormente, en 2025 cinco países de la región votaron a favor del regreso y/o la permanencia en el poder de la derecha. Este año, Brasil y Colombia, únicos en la región –junto con México– que continúan con proyectos identificados con la izquierda, podrían definir en las urnas el devenir del ciclo progresista. Además, Haití y Perú, países donde se han agudizado crisis políticas que no han permitido una definición estable, transparente y legítima de sus autoridades, tendrán elecciones generales para subsanar los vacíos que han generado años de tensiones institucionales. A continuación, haremos un breve análisis de las elecciones de este año en el continente:
Costa Rica será el primer país en realizar elecciones generales, con una primera vuelta presidencial y comicios nacionales que se celebrarán el 1 de febrero para elegir la Presidencia, dos vicepresidencias y 57 diputaciones. En caso de ser necesaria, se realizaría una segunda vuelta el 5 de abril. El presidente actual, Rodrigo Chaves, pertenece al Partido Social Democrático, pero la oposición ocupa casi el 90% de la Asamblea Legislativa, por lo que a lo largo de su mandato tuvo fricciones con ella. Ahora, Laura Fernández, del Partido Pueblo Soberano, de orientación derechista y cercana al gobierno de Chaves, se perfila como la candidata favorita en algunas encuestas , con alrededor del 40% de la intención de voto.
En Colombia, se realizarán elecciones legislativas y presidenciales, aunque todas se celebran en momentos diferentes. La primera será la elección legislativa, que se realizará el 8 de marzo, y posteriormente se llevará a cabo la primera vuelta presidencial el 31 de mayo, que podría dar paso a una segunda vuelta el 21 de junio. Las encuestas de intención de voto más recientes navegan entre el oficialista Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella, del movimiento conservador Defensores de la Patria, como primer y segundo lugar con márgenes de diferencia reducidos.
Algunas candidaturas presidenciales se definirán el 8 de marzo con consultas interpartidistas. Además, se elegirán 103 senadurías –incluida una asignada a la segunda candidatura presidencial más votada– y 183 curules en la Cámara de Representantes. Actualmente, el Partido Conservador, de centroderecha, es la principal fuerza en el Senado, mientras que el Partido Liberal, de orientación socialdemócrata, lo es en la Cámara de Representantes. No obstante, el Congreso se encuentra fragmentado entre más de 20 partidos, lo que dificulta la conformación de mayorías estables y ha dejado al gobierno sin control de ninguna de las dos cámaras para la aprobación de su agenda legislativa.
Por su parte, pocos días después, el 22 de marzo, Bolivia celebrará elecciones de 9 gubernaturas y 336 autoridades municipales. A pesar de ser comicios subnacionales, resultan importantes al ser los primeros organizados después del triunfo del ahora presidente Rodrigo Paz y el Partido Demócrata Cristiano. El reciente acuerdo entre el gobierno actual y sindicatos para emitir un nuevo decreto frente a la eliminación de los subsidios a los combustibles, la atomización partidista con el registro de 184 organizaciones políticas para la contienda y el rompimiento entre el presidente y el vicepresidente, podrían estar pronosticando una tendencia a la negociación que daría pie al nacimiento de alianzas débiles y efímeras, así como una gobernabilidad propia de una autoridad de transición.
En Perú, las elecciones generales se llevarán a cabo el 12 de abril, con una posible segunda vuelta presidencial el 7 de junio. Se elegirán la Presidencia, dos Vicepresidencias, 15 representantes del Parlamento Andino, 130 diputaciones y 60 senadurías –30 por voto popular y 30 por distritos– en el marco del retorno al sistema bicameral (a su vez, se celebrarán elecciones regionales y municipales para más 13 mil cargos). En el actual Congreso, Fuerza Popular, de extrema derecha, es la principal fuerza con 21 de 130 escaños; en años recientes, este partido ha sido señalado por fraude electoral, sobornos en el Congreso, financiamiento ilícito de campañas y lavado de dinero. No obstante, no se puede señalar solamente a este partido, pues alrededor de 67 congresistas son investigados/as por diversos delitos y acumulan 729 denuncias. A ello se suma el crecimiento de la presencia del crimen organizado en el país, el aumento de los homicidios y la reducción, por parte del Congreso, de las capacidades estatales para combatir la corrupción, factores que han debilitado su democracia y el Estado de derecho.
Para la primera vuelta presidencial, recientes sondeos de intención de voto posicionan en primer lugar a Rafael López Aliaga, del partido conservador Renovación Popular y aliado del gobierno de Donald Trump, seguido de Keiko Fujimori de Fuerza Popular, que busca la presidencia por cuarta ocasión y que ha sido investigada por su vínculo con el caso Odebrecht.
En México, el 7 de junio se llevarán a cabo elecciones locales en Coahuila, donde se renovarán 25 diputaciones locales. El Partido Revolucionario Institucional (PRI) es actualmente la fuerza mayoritaria en dicha entidad, con 10 de los 25 escaños. Esta elección adquiere relevancia no solo porque Coahuila es uno de los últimos bastiones del PRI, sino porque será la primera vez que se vote de manera electrónica en el país como parte de una prueba piloto del voto anticipado por internet, lo que adelanta una intención de implementar este mecanismo a nivel nacional.
Más adelante, Haití deberá celebrar elecciones generales con primera vuelta el 30 de agosto y segunda vuelta el 6 de diciembre. Se disputarán la Presidencia, 30 senadurías y 119 diputaciones, cargos que actualmente se encuentran vacantes debido a la crisis social y política agravada por el magnicidio del presidente Jovenel Moïse en 2021 y la toma de posesión del ex primer ministro Ariel Henry como presidente interino. Debido a ello, la jefatura del Estado es ejercida por un Consejo Presidencial de Transición que deberá disolverse con estas elecciones. La histórica convulsión política de Haití ha devenido en la inconsistencia de la celebración de elecciones, especialmente en la última década, por lo que estos comicios podrían resultar determinantes para la reconstrucción del gobierno y la sociedad haitiana.
En Brasil, las elecciones generales se realizarán el 4 de octubre, con la posibilidad de una segunda vuelta presidencial el 25 de octubre. Se elegirá la Presidencia y Vicepresidencia, 27 de 81 senadurías, 513 diputaciones federales y 1,059 diputaciones estatales. El Partido Liberal, de corriente derechista, es actualmente la principal fuerza tanto en el Senado como en la Cámara de Diputados, con 15 de 81 escaños y 86 de 513, respectivamente. En general, la oposición es mayoría en el Congreso Nacional, por lo cual ha mantenido tensiones con el Poder Ejecutivo, manifestadas en revocaciones de vetos del presidente Luiz Inácio Lula da Silva y reducción de atribuciones de ministerios clave en materia indígena y medioambiental. Para la primera vuelta presidencial, algunas encuestas posicionan en primer lugar al actual presidente, que busca un cuarto mandato, y en segundo lugar al senador e hijo del expresidente Jair Bolsonaro –sentenciado a 27 años de prisión por un intento de golpe de Estado–, Flávio Bolsonaro.
Ese mismo 4 de octubre, en Paraguay se llevarán a cabo elecciones de intendencias y juntas municipales. Finalmente, Estados Unidos cerrará el año con elecciones intermedias el 3 de noviembre para renovar 35 de 100 senadurías, las 435 curules de la Cámara de Representantes y 39 de 50 gubernaturas. El Partido Republicano mantiene hoy la mayoría con 27 gubernaturas, 53 senadurías y 218 representantes, aunque encuestas recientes apuntan a que, si las elecciones se llevaran a cabo en estos momentos, el Partido Demócrata ganaría con un margen de diferencia mínimo. Ante ello, el presidente Donald Trump ha advertido que una eventual derrota del Partido Republicano podría derivar en un intento de juicio político para destituirlo.
El impacto de Estados Unidos
El papel de Estados Unidos en las elecciones del continente cobra absoluta relevancia debido no solo a su reciente “operativo de extracción” en Venezuela del titular del Ejecutivo y su esposa –y su intervención militar para llevarla a cabo–, sino a las numerosas afirmaciones del presidente (durante sus dos mandatos) de que continuará ejerciendo su fuerza hegemónica e influencia sobre otros países de la región.
Al respecto, vale recordar su injerencia en El Salvador y Ecuador, con la victoria y reelección de Nayib Bukele y Daniel Noboa, respectivamente; en Argentina, con el apoyo a Javier Milei en las elecciones presidenciales y la posibilidad de una reelección en 2027; en Honduras, con la reciente victoria de Nasry Asfura y el indulto al expresidente Juan Orlando Hernández, quien había sido sentenciado a 45 años de prisión por narcotráfico y que pertenecía al mismo partido del presidente electo; en Panamá, al advertir sobre una posible intervención para “recuperar” el control del Canal de Panamá; y en México, país con el que ha mostrado mayor apertura en la negociación comercial y de seguridad, pero sobre el que continúa reafirmando intenciones de desplegar fuerza militar para combatir al narcotráfico.
En suma, este panorama obliga a repensar críticamente y defender el destino de la democracia liberal, que puede empezar a ser distorsionada para derivar en un esquema en el que se legitimen casi sin reservas las decisiones de los Estados con mayor hegemonía política, militar y económica. La tolerada, asumida y progresiva erosión del derecho internacional debilita la soberanía en América Latina y abre un escenario en el que la misma existencia de las naciones queda supeditada a su capacidad para defender su autodeterminación o influir en la de otras, y a su disposición de alinearse a las agendas definidas por potencias dominantes. Así, el avance de decisiones guiadas por nacionalismos exacerbados reconfigura las reglas del orden internacional, profundizando las tensiones democráticas de la región.
Sin embargo, si bien las preferencias plasmadas en las diversas encuestas marcan, con algunas excepciones, una inclinación por candidaturas conservadoras o de derecha, serán el voto indeciso, las decisiones que tomen los gobiernos en turno, la influencia de otros países en la política y elecciones de la región y, por supuesto, el tiempo, los que podrían definir los resultados finales para este año.



