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En nuestro país predomina un sistema electoral mixto, predominantemente mayoritario, que busca mediar entre dos principios: la gobernabilidad que proporcionan las diputaciones que se eligen por mayoría en cada uno de los 300 distritos, y la pluralidad política garantizada por 200 diputaciones de representación proporcional. Estos últimos, tuvieron su génesis en los “diputados de partido” que propuso la reforma político-electoral de 1977 como una válvula de escape necesaria para un sistema de partido hegemónico. En 1986 se amplió de 100 a 200 diputaciones por este principio, para tener una Cámara de 500 integrantes.
Esta proporción (60% MR - 40% RP) permitió, tras una compleja evolución de todo el sistema, que ningún partido obtuviera por sí mismo la mayoría calificada que se requiere para reformar la Constitución, lo que obligó en buena medida a la construcción de consensos. Es a partir de 2021, y sobre todo en la elección de 2024, donde la contención de la sobrerrepresentación se disolvió por tecnicismos legales, generando un debate jurídico y político sobre la figura de las diputaciones plurinominales, hasta la reciente propuesta de la Comisión Presidencial para la Reforma Electoral de reducir a 100 diputaciones RP la integración de la Cámara a partir de la siguiente legislatura.
Hacemos un ejercicio de ingeniería electoral realizando un escenario simulado de un Cámara de Diputados, utilizando los resultados de las elecciones inmediatas anteriores, aplicando las reglas constitucionales vigentes: solo los partidos que obtienen el 3% de la votación válida emitida tienen derecho a la asignación y ningún partido político puede tener un porcentaje de curules total, que exceda en 8 puntos porcentuales a su porcentaje de votación, valorando la posibilidad de que ese porcentaje se ajuste ya que ante ese nuevo escenario, la cámara modificaría su proporción a 75% MR – 25% RP. De igual manera, se parte del supuesto de los resultados de las diputaciones uninominales, asumiendo que se mantienen las 5 circunscripciones, repartiendo 20 diputaciones en cada una, en lugar de las 40 actuales.
En 2021, en la elección intermedia de la administración lopezobradorista, Morena y aliados obtuvieron la mayoría de los distritos uninominales; no obstante, la oposición obtuvo una votación alta, lo que les dio una cantidad considerable de plurinominales que les permitió equilibrar la balanza.
En el escenario real 2021, PT y PVEM obtienen una representación muy superior a su votación, principalmente por la estrategia de coalición parcial donde Morena cedió distritos ganadores a sus aliados en el convenio de coalición, distritos que de otra manera no hubieran obtenido por sí mismos. Aunque legal, la medida fue criticada en su momento por distorsionar la voluntad popular ya que, si Morena se hubiera asignado esos triunfos, se le habría aplicado el tope de sobrerrepresentación.
En el ejercicio de simulación, al reducir la proporción, el peso de los distritos de MR aumenta. Si se aprecia como bloque (Morena-PT-PVEM) habría pasado del 55.60% al 57.75% y MC sería el partido político más castigado, al tener el voto disperso entre las diversas circunscripciones y pocos distritos ganados, pierde casi un punto porcentual, viendo reducida evidentemente su bancada. Esto demuestra que, en escenarios de votos dispersos y donde una coalición gana la mayoría de los distritos, la disminución de RP produce el efecto compensatorio que impulsa a partidos como MC o el PRI para tener una efectiva proporcionalidad de votos y representación.
En el escenario de la elección presidencial 2024 y tras la aplanadora que representó la coalición “Sigamos Haciendo Historia”, se obtuvieron mayores triunfos distritales para Morena, PT y PVEM. La discusión jurídica se centró en la interpretación de si el límite del 8% de sobrerrepresentación debía aplicarse a la coalición en su conjunto o a cada uno de los partidos políticos en lo individual prevaleciendo este último criterio.
Esta interpretación permitió que entre los partidos que enarbolan la Cuarta Transformación obtuvieran una cantidad histórica de diputaciones de MR tras una transferencia de candidaturas de manera estratégica.
CÁMARA DE DIPUTADOS 2024
La distorsión en la realidad fue más que evidente en el caso de MC, con sus casi 6 millones y medio de votos que representan casi el 11% del total, apenas alcanza 27 diputaciones que representan el 5.4% de la Cámara, mientras que el PT, con la mitad de los votos obtenidos (3 millones 200 mil) obtuvo casi el doble de diputaciones. Los votos de MC nuevamente fueron dispersos, sin alianzas que le valieron ganar un solo distrito de MR, mientras que el PT, potenciando sus votos por su alianza con Morena, gana 38 distritos.
Al aplicar el escenario de simulación de reducir 100 diputaciones RP, se revelan las debilidades estructurales del límite del 8% en una cámara más pequeña. Morena, PVEM y PT no pueden recibir más diputaciones por estar topados al 8%. Las curules sobrantes van a beneficiar de manera marginal al PAN y MC, aunque se encuentran subrepresentados.
En el escenario simulado, los partidos coaligados bajo la 4T suben de 72.8% del control de la Cámara, a un 78.25%, lo que significa casi 4/5 de las diputaciones federales. MC sigue siendo el mejor ejemplo al reducir del 11% de la votación a, apenas, un 3% de representación, lo que significaría que millones de personas votantes por esa opción quedarían sin una adecuada representación. Hablando en términos de “costos”, un voto por MC vale 5 veces menos que un voto por el PT.
Se debe repensar el tope del 8%, ya que aún topados, Morena, PT y PVEM, con sus triunfos uninominales en conjunto, y reducirse el denominador de 500 a 400, su peso específico crece automáticamente. La RP es el único contrapeso aritmético a la aplanadora de la MR. Al reducir el número de diputaciones RP también se reduce ese contrapeso. En un escenario de análisis de ciencia política, la desproporción se da a niveles históricos similares a los del partido hegemónico anteriores a 1988.
Por lo expuesto, la reducción de RP, es regresiva. Tiene como efecto directo castigar a las minorías y premiar a la mayoría que ya ganó los distritos uninominales. De haberse aplicado en 2024, la presencia de la oposición disminuiría del 27% al 21% en la Cámara. MC es el mejor ejemplo para ilustrar la falla del diseño institucional que se pretende, desincentivando una posible tercera opción, modificando el panorama hacia un bipartidismo.
La alternativa, sería una mejor regulación de las coaliciones y la transferencia de triunfos de mayoría, dado que el problema no es el número de plurinominales. Reducir el número erosiona la pluralidad, distorsiona el valor del voto y nos conduce a un sistema de partido hegemónico donde las minorías, a pesar de representar millones de personas, quedan relegadas a una presencia testimonial en la Cámara.





