En nuestro país predomina un sistema electoral mixto, predominantemente mayoritario, que busca mediar entre dos principios: la gobernabilidad que proporcionan las diputaciones que se eligen por mayoría en cada uno de los 300 distritos, y la pluralidad política garantizada por 200 diputaciones de representación proporcional. Estos últimos, tuvieron su génesis en los “diputados de partido” que propuso la reforma político-electoral de 1977 como una válvula de escape necesaria para un sistema de partido hegemónico. En 1986 se amplió de 100 a 200 diputaciones por este principio, para tener una Cámara de 500 integrantes.



